Archive for the ‘lesiones’ Category

¡Yoyalodije!

septiembre 24, 2010

Una escueta nota informativa dirigida a todos los agoreros y profetas del infortunio ajeno, así como a sus señoras madres, que son unas santas a pesar de ser ellos unos hijos de puta, para hacerles saber que el pasado jueves, 9 de septiembre de 2.010, el destino tuvo a bien dejar de posponer lo inevitable, y pisé un cristal mientras paseaba descalzo por la calle.

¡Si es que hay que ser gilipollas!

Lamento eso sí comunicarles igualmente que, en contra de los sinceros deseos que no dudo albergaban, el suceso se saldó con poco más de una semana de bien merecido descanso: ni tétanos, ni gangrena, ni ébola, ni ninguna otra de las horribles infecciones de las que mi falta de juicio me hace merecedor. Aunque con la media hora de la enfermera hurgándome con la aguja y las pinzas hubieran ustedes disfrutado, la verdad sea dicha.

Reciban sin más el testimonio de mi consideración más distinguida, así como mi declarada esperanza de que les agarre un buen dolor de huevos.

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Dame droja, doctor

agosto 5, 2010

El lunes me sentí Lou Reed, abandonando la comodidad de su loft en Ludlow Street, cruzando todo Manhattan hasta Harlem, apostándose en el cruce de Lexington con la 125, sintiéndose enfermo y sucio, más vivo que muerto, y waiting for the man, para comprarle 26 pavos de deliciosa y nutritiva heroína…

Aunque ya que estoy de revival musical, igual la cosa es más como Mother’s Little Helper, esa canción de los Rolling Stones dedicada a todas las señoras de mediana edad enganchadas a los ansiolíticos…

De vuelta al mundo real, la cosa es que mis putos lumbares volvieron a darme guerra. Se conoce que lo bien que se me dio en Malgrat me sorbió el seso, y durante la semana subsiguiente se me fue de las manos lo de correr. Llegados al sábado, tenía alguna molestia aislada en la espalda, que el domingo se volvió insistente, y para el lunes frisaba en lo insoportable. Abandonada a su suerte, la cosa acababa conmigo postrado en cama sin poder moverme para el miércoles, jueves a más tardar.

Así que como mis lumbares y yo ya nos vamos conociendo, nos plantamos en urgencias, a repetir el mismo paripé de tantas veces:  “Me duele aquí, doctor… No, el dolor no radía a las piernas… Ajá, reposo, antiinflamatorios, relajantes musculares y en una semana como nuevo… Una cosita más, doctor… Esa primera dosis de Voltarén, ¿no podría usted pinchármela?” Es decir, que fui al médico a conseguir una receta de benzodiazepinas, como las mamás de los rolling, y a que my man me inyectara mi dosis de delicoso y nutritivo diclofenaco sódico, como Lou…

¡Bendito seas, ácido 2-(2-(2,6-diclorofenilamino) fenil)acético inyectable!

¡Ouch!

junio 4, 2010

¡Qué poco dura la alegría en casa del pobre, leñe!  Hace un par de meses estaba regodeándome en la cantidad de carreras que iba yo a hacer, y en lo rápido que iba a correrlas, y no pasó ni una semana hasta que la espalda mandó a parar. Seis semanas, seis, como los toros, que me he pasado sin correr.

Y ahora que he comenzado de nuevo a recorrer el largo y tortuoso camino de la recuperación, la fatalidad vuelve a golpear: el primer día que probé a correr de nuevo, por supuesto que descalzo, pisé un pedrusco oculto entre la hierba y me hice un hermoso siete en mitad del pie.

¡Pupita!

Pero si aquel puto cristal que me saqué de la base del dedo meñique en enero, y que debía de haberse infectado, porque dolía, horrores, que ni caminar podía…

Aguda espina dorada / quién te volviera a sentir / en el corazón clavada.

…si ese puto cristalito, iba diciendo, no me hizo desistir, no iba ahora una heridita de ná a ser diferente. ¡Si ni siquiera sangró!

Que habrá quien piense que por los cojones la fatalidad, que si acaso será la gilipollez. Pero qué sabe nadie… Y a ver si va a resultar ahora, con la cantidad de paisanos que ve uno por la calle con una pulserita Power Balance de esas, que al que haya que echarle en cara lo gilipollas que es sea a mí…