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Unidades de millar

diciembre 11, 2012

Esta mañana el odómetro de la buena de Kimberly ha alcanzado cifras memorables. Por un lado, ha superado los 3000 Km. Pero es que además de la efeméride métrica está la imperial, que unos cuantos más de vez y media 1609 Km, lo que vienen siendo 1500 millas, los hemos rodado a este otro lado del charco. Porque las ratas nos hemos ido a hacer las Américas. Y ya se sabe lo que pasa con los barcos si empiezan a irse las ratas, avisado quedas, querido lector.

Kimberly, con la sonrisa pintada de carmín y el bolso que le regaló, saliendo a la calle buscando amor...

Kimberly, con la sonrisa pintada de carmín, el bolso que le regaló y aquel vestido que nunca estrenó, saliendo a la calle buscando amor…

Y es que Kim se ha convertido en mi medio de transporte a y desde el trabajo, algo que nos ha cambiado la vida radicalmente a los dos. Yo he hecho el trueque bueno: dos horas al día metido en el coche, por una pedaleando bajo el claro sol de la eterna primavera del sur de California. Porque aquí nunca llueve. Menos cuando sí, claro…

Kimberly no sé como llevará haber cambiado sus zapatitos de cristal del 23C, por unos zapatones del 28C, y además llevar transportín, alforjasluces delante, luces detrás, luces en las ruedas… Y para cuando vengan las lluvias esas que nunca vienen, ya tengo esperando los guardabarros. Pero bueno, que se joda, que es sólo una puta bici, a ver si nos vamos a volver todos locos ahora.

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Kimberly

octubre 23, 2011

Según el modelo de Kübler-Ross, la negación, la ira, la negociación y la depresión han dado por fin paso a la aceptación. Lo que viene a ser coloquialmente aquello de “a rey muerto, rey puesto,” o “el muerto al hoyo, y el vivo al bollo,” o como dice Lucas (9:60) que dijo el Cordero de Dios: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios.” Sea pues.

Wendy no está, ni por desgracia se la espera. Así que el vacío que dejó ha venido a llenarlo Kimberly.

Amarillo pollo, el color de los campeones.

Los más avispados ya se habrán dado cuenta, pero cualquiera que sepa algo de bicis debiera de haber notado algo chocante en la foto. Efectivamente, Kim es bien distinta de Wendy: amarillo en vez de rojo; acero (o sea, hierro) en vez de carbono; 32 radios por rueda en vez de 20; y el verdadero meollo de la cuestión, una marcha en vez de 20…

Sí, Kim es una fixie, una bicicleta de piñón fijo. En realidad de momento todavía lleva rueda libre, aunque en breve completaremos la conversión. Los 42 dientes del plato y 18 del piñón suponen, en su única e inalterable marcha, 26 Km/h a las 90 r.p.m. que dice el canón son las óptimas. A partir de ahí, las cuentas son sencillas: si quiero volver a llanear a 36 Km/h, como en los buenos tiempos con Wendy, tendré que aprender a sostener más de 120 r.p.m.; si quiero dejar la carretera de la costa y volver a adentrarme en los puertecitos del Montnegre, tendré que aprender a aguantar pedaleando a menos de 40 r.p.m. Y una vez arriba, aquellas trepidantes bajadas a 50 ó 60 Km/h ahora requerirán dejar que la gravedad me gire las piernas allá por las 180 r.p.m.

La excusa formal para lo que pudiera parecer un serio ataque de gilipollismo es que es una herramienta de entrenamiento formidable, que hace de ti un ciclista más eficiente, más fuerte, e incluso mejor persona. Pero percibo que hay algo más, que todos esos tipos que reniegan del desviador y sus pompas saben algo que los demás no sabemos. Y los primeros 50 Km con Kim pudieran haber empezado a confirmarlo. Seguiré informando de mi tránsito por la extravagancia, mientras camino con paso decidido hacia el disparate….