Archive for 17 febrero 2010

El saber no ocupa lugar

febrero 17, 2010

Hoy he hecho un poco más ricos a los señores de amazon.  Estos son los tres libros que desde ya mismo espero ansioso a que el cartero me traiga…

The Runner’s Body

Cuando hace un par de meses me enteré de que Ross Tucker y Jonathan Dugas, los responsables del fantabuloso blog The Science of Sport habían escrito un libro, me picó la curiosidad. Que Matt Fitzgerald sea coautor es garantía de que, además de tener ciencia y análisis, será una lectura ágil y entretenida. Pero lo que me convenció de que necesito tener ese libro fue enterarme de que pretendía ser un Freakonomics sobre fisiología. Es decir, que se iban a dedicar a revisar lugares comunes de la sabiduría popular, y a desmontarlos sin compasión. Por ejemplo, todos sabemos que los calambres son producto de una mala hidratación, o de alguna falta de sales minerales, ¿verdad? Pues parece ser que no, que es un bulo, una leyenda urbana que no soporta la verificación experimental. Promete mucho, muchísimo, aunque habrá que ver si está a la altura de semejantes expectativas.

Born To Run

El libro que la lió parda, el que echó a rodar la bola… Christopher McDougall estaba hasta el gorro de pasarse la vida lesionado a pesar de gastarse un pastón en zapatillas, ortopedas, plantillas… Y un buen día descubre que hay una tribu en México, los Tarahumaras, que además de beber tequila como si les fuera la vida en ello, se hinchan a ganar carreras de montaña de ultrafondo, llevando por todo calzado sus huaraches, unas sandalias de chichinabo. La mayoría hubiéramos probado a ver si era beber tequila lo que les mantenía en plena forma, Chris se fue a vivir entre ellos, aprendió a correr descalzo, y escribió este best-seller que causa furor en las Américas. Si lo que dicen del libro es cierto, lo acabaré el mismo día que me lo traigan, devorando página tras página hasta el amanecer…

The Lore of Running

De haber comprado este puedo echarle la culpa a Chuckie V, el hombre, la leyenda… Soy un ávido lector de su blog, y me encanta su demencial filosofía de entrenamiento, que a veces me recuerda lo que un día les oí decir a Carles Gamisans y a Albert Ybars sobre Xavi Cadena: “Hasta que no nota sabor a sangre no le parece que esté entrenando lo bastante fuerte.” Pero además todo ello va aderezado de mucha ciencia, mucha experiencia práctica y mucho humor. Así que cuando él publica su lista de libros imprescindibles sobre entrenamiento, y resulta que el primero está descatalogado y el segundo ya lo tengo, pues me compro el tercero…

Basta con un par de pies

febrero 12, 2010

Hace un par de semanas, el 28 de enero para ser exactos, sucedió algo de lo más chiripifláutico: Nature llevaba en portada la foto de los pies descalzos de unos negritos del valle del Rift.

Y en páginas interiores, además de todo lo que usted siempre quiso saber, pero no se atrevía a preguntar, sobre la reductasa epóxida de la vitamina K, la chicha del asunto: un artículo de Daniel E. Lieberman, con el sugerente título de Foot strike patterns and collision forces in habitually barefoot versus shod runners, que podría traducirse libremente por Comparación de patrones de pisada y fuerzas de impacto entre corredores habitualmente descalzos y calzados.

Los propios editores de Nature resumen el artículo afirmando que “la comparación de la biomecánica de corredores habitualmente calzados y habitualmente descalzos, sugiere que correr descalzo no sólo es confortable, sino que podría ayudar a evitar algunas lesiones de estrés repetitivo.” Para quien entienda el inglés, los detalles, junto con consejos para empezar a correr descalzo, se pueden consultar en la página web del Departamento de Biología Evolutiva Humana de la Universidad de Harvard, del que Lieberman es catedrático. Hay además un vídeo en el que explican los principales hallazgos, con una frase memorable bien al principio: se suele decir que para correr sólo hace falta un par de zapatillas, pero no es cierto: basta con un par de pies.

Sobre todo a este lado del Atlántico, supongo que a la mayoría del personal esto le hará abrir los ojos como platos de pura incredulidad. Pero la verdad es que llueve sobre mojado. La única novedad es que sean Nature y Harvard quienes le den el marchamo de respetabilidad a un estudio que se suma a muchos otros en la misma línea. Y la evidencia empieza a amontonarse en contra de los fabricantes de zapatillas.

Lo que pasa es que es una evidencia un poco circunstancial, porque lo verdaderamente interesante sería saber si todas esas claras, clarísimas, diferencias biomecánicas se traducen en una menor incidencia de lesiones. Que tiene toda la pinta de que así debiera ser, pero lo que es saberlo no lo sabemos seguro. Así que de momento tendré que seguir esperando a que alguien se decida a financiar y llevar a cabo ese estudio epidemiológico que me saque de dudas sobre si soy gilipollas o no

Sorpresas te da la vida

febrero 9, 2010

El despertador ha sonado esta mañana a las 6:15. La lluvia seguía sonando en el tejado, igual que toda la noche, y se oía soplar el viento con fuerza. Cuando he empezado a desperezarme, he notado las agujetas de las putas pesas de ayer clavándose como alfileres en las piernas. “Y yo tengo que correr 12 Km… Su puta madre…”

Me ha costado un triunfo, pero he conseguido levantarme, vestirme, y sacar a Walter y Rosita a hace un pis, y ver cómo de feo estaba el día.  Y estaba peor. De vuelta a casa he procurado no pensar demasiado y simplemente salir a correr. “Si está muy chunga la cosa, hago hoy los 6 Km del jueves, y luego ya veremos.”

Arrancar no ha sido fácil. Que nunca lo es. Pero hoy menos. Durante un buen rato he ido esquivando los charcos, hasta que me he encontrado con una piscina que no me ha quedado otra que cruzar por medio con el agua por los tobillos. Y será que he dejado de preocuparme por una cosa tan estúpida como que se me mojaran o no los calcetines, pero todo ha empezado a mejorar a partir de ahí. Con el viento en la cara, la lluvia chorreándome por el cuerpo, chapoteando en los charcos, oyendo las olas romper en la oscuridad, abierto a la tierna indiferencia del mundo, comprendí que había sido feliz, y que lo era todavía.

Luego, claro está, la placentera y feliz sensación de poder seguir corriendo hasta el horizonte, ha dado paso al sufrimiento. Pero bien está lo que bien acaba, y cada parcial volviendo ha sido (ligeramente) más rápido que yendo. Conste que en términos absolutos no he hecho una mierda: algo más de 12 Km en 1h12′ redondos. Pero es la distancia más larga que he corrido en años, y parece que la batalla por correr a menos de seis minutos por kilómetro está ganada: ¡que tiemblen los cinco minutos! Y que me lo he pasado como los indios, joder…

Además, bonus track, hacia el final de la carrerita mis FiveFingers han cumplido sus primeros 100 Km.