Posts Tagged ‘Lucas’

Biciclismo

agosto 12, 2011

A lo mejor soy yo, que soy fácilmente impresionable, pero que se pueda mantener el equilibrio encima de una bici sin irse de morros al suelo me resulta eso mismo: impresionante. De puro cotidiano puede parecer simple, pero las sutilezas matemáticas y físicas que hay detrás son apasionantes. Podría tratar de explicarlo yo, pero no se me iba a entender, así que mejor que no se le entienda a Andy Ruina, que es el señor viejuno y muy sabio (no hacen catedrático en Cornell a cualquiera) que lo cuenta en este vídeo…

Quien prefiera la letra escrita, aquí hay 50 páginas en las que Ruina y sus secuaces, con un tal Jim Papadopoulos al frente de las operaciones, desarrollan las ecuaciones que rigen el movimiento de una bicicleta. El resumen viene a ser que es muy complicado, y que cualquier simplificación que se pretenda hacer sobre qué le da estabilidad a una bicicleta no deja de ser eso mismo: una simplificación, probablemente bastante burda.

A que molo...

Todo este rollo viene a cuento de que el pasado domingo, 24 de julio de 2.011, a eso de las 8 de la tarde, tras unos 1.000 m de imprecaciones mías hacia su persona, que puede que incluyeran cagarme en su puta calavera mientras corría agachado a su lado, Lucas aprendió a resolver las ecuaciones de Papadopoulos en tiempo real, y echó a rodar sobre sólo dos ruedas. No había ni padre ni niño más orgullosos en muchas millas a la redonda…

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Las bicicletas son para el verano

julio 19, 2010

Mientras Lucas anda por Madrid, todavía usando su bici de correpasillos, pero a un tris de lanzarse a dar pedales y entrar en el selecto club de los ciclistas de dos ruedas, Gabriela dio ayer su primer paseo en bicicleta por Calella.

¡Andiamo, andiamo!

Misma bici, mismo conductor, mismo casco, misma sillita, mismos ocho tiernos mesecitos, “más tiempo dentro que fuera todavía,” que diría su madre. Les separa las siestas que se pegaba Lucas si el paseo duraba más de veinte minutos, por los cabreos de Gabriela si dura más de media hora. Además de tres años y pico, claro. Pero a Eva y a mí se nos caía la baba ayer igual que entonces.

Descalzos por el parque

junio 17, 2010

Lo normal es que a uno le lleven los demonios porque sus hijos hacen lo que les da la gana, y no lo que uno, sabiamente, ha dictaminado es lo mejor para ellos: acábate la sopa; siéntate bien; recoge los juguetes… Lo típico, vamos. Sin embargo a mí el otro día me entró un vértigo existencial al comprobar las cosas que los hijos hacen, sin que tú se lo pidas, porque resulta que los jodíos realmente te admiran y quieren ser como tú.

Y es que este fin de semana hemos estado en Madrid, a ver a los abuelitos y demás familia mesetaria. Todo ello en el marco de los fastos del trigésimo octavo aniversario de mi nacimiento. Entre otras cuantas cosas, pasamos la tarde del domingo en el parque Juan Carlos I.

Pisa, castaño, pisa con garbo...

No sé muy bien cómo se lió la cosa, pero ya que estábamos tirados en la hierba viendo volar las cometas, me quité los zapatos. Y al rato Lucas se los quitó también. No nos los volvimos a poner hasta mucho después, a punto de volver a casa. Bajo sus tiernos piececitos pasaron hierba, piedra, enrejados de desagüe, guijarros, tierra, asfalto, arena, madera, cemento, hierbajos… Caminó, corrió, saltó y trepó, disfrutando de las cosquillitas que le hacían los pies, mientras desdeñaba estoico las admoniciones de sus abuelos sobre afilados cristales al acecho. Digno hijo de su padre, sin duda.

Ratoncillo a la carrera

junio 6, 2010

Hace un par de semanas fue el Half Challenge de aquí, de Calella. Aparte de la invasión de señores muy flacos corriendo disfrazados de Eva Nasarre, con sus calentadores de piernas y todo, los organizadores montaron un ‘Kids Challenge’. O sea, una carrera para críos. Consultado Lucas al respecto dijo que sí, que le apuntara, y con su infalible lógica de niño de cuatro años me explico que “es que yo creo que voy a ganar, porque voy a llegar el primero.” En fin hijo, tú mismo, más dura será la caída…

Más bonito que un San Luis.

El día de autos decidió que su equipación para el evento debía incluir unas alas de mariposa/princesa que le compramos por carnaval. Afortunadamente mi abuelo, el Sr. Belarmino, no vive para presenciarlo, porque si no me temo que nos habría pedido hora en la consulta del Dr. Aquilino Polaino.

Recogimos su dorsal, vimos las carreras de los más mayores, y nos alineamos para su salida, detrás de la infranqueable barrera de padres que, prietas las filas, recias, marciales, ejercían su inalienable derecho a acompañar a sus hijos como si de Charlton Hestons defendiendo la segunda enmienda se tratara.

Poniendo cara de Emil Zátopek...

250 metros no son demasiados, aunque contemplados desde su poco más de un metro de altura a Lucas acabaron haciéndosele eternos: empezamos despacito, pero pronto pasamos a otro niño, así que le anime a que fuera a por la chica que había unos pasos más adelante. “¡Y ahora a por esa de rojo, Lucas!” Llevaríamos remontados media docena de puestos, y media carrera ya hecha, cuando muy preocupado me mira y me dice: “¡Ay papi! ¡Que me canso!” Así que bajamos el ritmo, y al trote cochinero llegamos hasta la meta.

No, no ganó, porque no llegó el primero. Pero parece que la bolsa con dos globos y tres caramelos que le dieron fue suficiente para sublimar la frustración del fracaso. Y parece que todavía no odia el deporte: seguiremos informando…

Cuando fuimos triatletas

enero 7, 2010

La foto de más abajo pretende demostrar que hubo un tiempo remoto en que podía afirmarse sin rubor que yo era un triatleta. Ha llovido mucho desde aquel glorioso 2001 en que rondaba en cada carrera de larga distancia ser la tercera mujer. Solía dejarme fuera del podio, aparte de lo de tener pilila, Ruth Gómez, que cruzó esa misma meta cosa de un cuarto de hora antes, y que parece haber tenido (y seguir teniendo…) una carrera deportiva bastante más duradera que la mía.

Y es que la fotico ilustra tanto el brillante mediodía, como el comienzo de la larga noche.  No hubo temporada 2002, ni oscuras golondrinas, ni tupidas madreselvas, ni palabras ardientes sonando. Principalmente porque no me dio la gana seguir entrenando… hasta este pasado verano. Volví a correr, volví a nadar, volví a pedalear… Volví.

Este es pues, querido lector, el blog de un triatleta. Lo sé, lo sé, pero no temas… No es mi intención reemplazar al BIPM, así que trataré de evitar apasionantes entradas desglosando arcanos detalles numéricos de mis entrenamientos. Tampoco se me espera en Shaolin, así que la filosofía de todo a 100 sobre como es el camino y no la meta lo que da sentido a nuestras vidas tampoco será, Pequeño Saltamontes, materia habitual del blog.

Y habrá quien se pregunta, ¿acaso hay algo más en el triatlón que metrología aplicada y espiritualidad Zen? Joder, espero que sí…

También encontrarán acomodo por aquí las aventuras deportivas de Eva. ¿Que quién es Eva? Pues aquí mi señora, aquí unos lectores:

Otro retorno desde más allá de la molicie, aunque ella tenga la excusa de haber tenido dos hijos por el camino: Lucas y Gabriela, que también aparecerán, tan pronto como podamos relacionar sus torpes movimientos infantiles con el deporte.

Y la cuadrilla de ratas la completan Walter y Rosita, al sprint en sus años mozos en la cabecera del blog, que van a vivir una segunda juventud en esta segunda mitad de su vida, les guste o no, acompañando a sus amitos a correr.