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Sus Majestades de Oriente

enero 8, 2010

Los Reyes Magos llegaron unas horas temprano, así que cuando volví del trabajo el día 5 había un paquetito esperándome. Dentro, mi regalo de Navidad a mí mismo: unas Vibram FiveFingers, y unos calcetines Injinji para acompañarlas.

De puro feas hasta son bonitas...

Me las puse de inmediato, y es una experiencia curiosa: acertar a meter cada dedo en su sitio, tejido en contacto con los laterales de los deditos de los pies… Pero en un par de minutos te habitúas a tanta nueva sensación y realmente se ajustan como un guante. Salimos esa misma noche a dar una vuelta, a que Lucas presentara sus respetos a los Reyes Magos en su desfile triunfal por Calella. Y mi primera impresión fue que aquello se parecía demasiado a ir de verdad descalzo. Supongo que esperaba tener los pies más calentitos, y que me molestaran menos las piedrecitas del camino.

El día 6, mientras los otros niños sacaban a pasear sus flamantes bicicletas y coches de control remoto, yo llevé mi juguete nuevo a correr al paseo de la playa. Curiosamente esta vez tuve justo la sensación contraria: se parece menos de lo que me esperaba a correr descalzo. La gravilla se vuelve prácticamente imperceptible, y dejas de oír voces viniendo del carril bici, con su asfalto y su cemento liso y sin relieves, llamándote para que corras por ahí, en vez de sobre la tierra, con sus putas chinitas. Pero la comodidad la pagas en propriocepción. Y es que sin chinitas jodiendo, no hay recompensa inmediata por relajar los pies, mantener la cadencia alta, flexionar las rodillas…

A punto para salir al mundo exterior.

Supongo pues que cuando vuelva el calorcito, retomaré lo de correr descalzo de verdad. Pero tanto para el frío como para cuando vuelva a correr por montaña, creo que ya tengo calzado. Abril, con la prueba de fuego del Costa Brava Xtrem será un buen momento para comprobarlo.

Quiero unas, ¿dónde me las compro?

Primero, un par de recomendaciones:

  • Pruébatelas antes de comprar. Las guías para elegir talla están muy bien, pero a poco que tus dedos se salgan un poco de lo habitual puede haber sorpresas. Mi pequeño meñique a mí me obliga a llevar una talla más de lo que pensaba.
  • Vas a parecer gilipollas. O al menos mucha gente va a pensar que pareces gilipollas. No tan gilipollas como si fueras descalzo del todo, pero gilipollas en cualquier caso. A lo mejor en el barrio de Gràcia en Barcelona, o en el de Malasaña en Madrid, resultan de lo más trendy y cool. Pero fuera de sus fronteras recuérdalo: pareces gilipollas.

Si aun así quieres unas, la cosa no acaba de ser fácil en España. Hasta donde yo sé:

  • En Barcelona tienen alguna talla de algún modelo en Balmat, en la tienda de Gran Vía.
  • En Zaragoza está Osso, donde yo me las probé. Tienen además una tienda online, 5dedos.es, que es donde acabé comprando. Si estas acostumbrado a comprar por internet el procedimiento es un poco artesanal: transferencias bancarias, llamadas telefónicas… Pero la experiencia ha sido muy buena a pesar de todo.
  • En Madrid, por lo que he leído,  parece ser que en algún momento las tuvieron en Indian Tarifa, aunque no lo he comprobado por mí mismo.
  • En Granada, está Sportfin, que además gestionan fivefingers.es, la otra tienda online española, así que es de suponer que las tengan a la venta también. Mi talla no aparecía disponible, y no contestaron a mi correo preguntándoles por disponibilidad futura, así que perdieron un cliente. El sistema de pago parece más automatizado, vía PayPal.