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Un perro ha muerto (Pablo Neruda)

febrero 25, 2012

Walter (14.2.2003 - 24.2.2012)

Mi perro ha muerto.

Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz fría.
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.

Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.

Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.

Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.

Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.

No hay adiós a mi perro que se ha muerto.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.

Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.

Pablo Neruda

La casi triatleta

agosto 16, 2011

Antes de que se me acumule la faena voy a narrar mis peripecias en el mini triatlón de Banyoles el pasado algo de julio, no recuerdo bien.

Y escribo antes de que se me acumule la faena porqué este domingo voy a hacer mi primer triatlón de verdad, como una señora, con sus 750 m. de nado, sus 20 km. de bicicleta y sus 5 Km. de carrerita a pie.

Pero por partes y ahora me concentro en redactar, para quien tenga a bien leer, lo que sucedió en Banyoles.

Allá que nos íbamos “cap a Girona” la familia casi al completo, porqué mi señor hermano “il pepino” también se está labrando un nombre en esto del triatlón. Así que partimos de Calella a eso de las 10:00, mi hermano el susodicho “Pepino”, su señora, sus 2 hijas, que a la vez son mis sobrinas, mi marido y co-hacedor de este vuestro blog, mis 2 hijitos bonitos y una servidora.

1er punto raro: triatlón a las 15:00 p.m. A dios gracias que llovió y se estaba fresco, porqué sino más de uno la palma fijo.

1ª cagada: la menda que es nobel, se metió entre pecho y espalda, a eso de las 13:00 horas, un tremendo bocata con todas sus cosas incluyendo hamburguesa, huevo y mucha cebolla que me estuvo acompañando durante toda la carrerita.

2ª cagada: estrené un maillot de triatlón de los que llevan los triatletas de verdad todo molón que me compré media hora antes en una de esas tiendas que ponen expresamente para la ocasión. Hasta que recordé que llevaba cremallera y entre brazada y brazada dí con ella para liberar mis pobres pechos prietos, que las pasé putas… de verdad que pensaba que moría entre terribles asfixios por las incomodidades del maillot de las narices, eso sí estaba, como he comentado antes, toda molona. He aquí el documento gráfico.

Documento gráfico. Eva y Pedro "Pepino"

3ª cagada: no hay manera de que pueda beber agua mientras voy en bici, una vez lo hice y se me cayó el bidón al suelo así que le he cogido miedo y ahora sencillamente paso. Total, que durante la carrera entre la sed acumulada y una que es  previsora, cada vez que me ofrecían agua que cogía la botella la apuraba en 4 sorbos y la depositaba con suavidad en el suelo, no fuera que los de la organización me llamaran guarra. Eso hizo que perdiera unas décimas preciosas debido al clol cloc cloc del agua dentro de mi estómago. Y al flato claro.

Y ahora los puntos positivos que también los hubo.

1º:  he descubierto el plato 3 (el grande) y ahora llevo ruedas de carretera en mi querida montain bike, y caray que diferencia, como me deslizaba cual gacelilla silvestre por las calles de Banyoles, al principio con miedo por eso de pegarse la gran leche, pero una vez con confianza fue todo un lujazo… La bici se me hizo corta corta, y casi me encontré con la meta de golpe y con ganas de más. No de mucho más pero de un poquito sí.

Única imagen sobre la bici en la que no parezco subnormal

2º: no quedé la última (ni la penúltima), y hubiera quedado un puesto antes si la hijaputa que tenía a escasos metros por delante no se hubiera puesto a esprintar al final como si le fuera la vida en ello. Reconozco que el objetivo no era muy ambicioso, pero es que arrastraba un historial desastroso y mi pobre ego no hubiera vuelto a soportar quedar la última una vez más.

y 3º y más importante: me gustó.  Excepto lo que he comentado antes en los puntos negativos claro está: lo de la natación en el lago que se me hizo eterna y encima con el rollo del estrangulamiento maillotil, el regustillo a cebolla durante toda la prueba, y el estómago lleno de agua… por idiota. Meros detalles sin importancia que pienso solventar este domingo en Tarragona, donde, como dice mi esposo Jaime, y siempre y cuando lo acabé sin desfallecer, me convertiré en una triatleta de verdad.

La feliz casi triatleta, el maillot asesino y Gabriela indiferente

La gran hazaña a nado

octubre 18, 2010

Aquí estamos de nuevo para explicar peripecias y aventurillas de esta vuestra  humilde servidora.

Esta vez se trata de una gran, enorme, magnífica aventura marina de la cual, bien sabe dios,  me intenté escaquear, y es que como dice mi hijo muy sabiamente “yo no soy ningún valiente”… pues eso.

Pero así y todo me lancé a las agitadas aguas mediterráneas una solitaria y perturbadora mañana de agosto en un pequeño pueblo de Granada llamado La Herradura…

Allá que nos íbamos mi esposo Jaime a quién ya todos conocéis, mi suegro y padre de mi esposo, el Sr. Manolo, un importante ingeniero químico de fama internacional, mi querida cuñada la tita Ana, una de las mentes más brillantes que ha dado la física moderna y la menda lerenda, una reconocida interina del cuerpo auxiliar de la administración general de la Generalitat de Catalunya.

Después de dejar atados los más mínimos detalles logísticos como esconder zapatos y toallas en la otra playa, comprar gorros para la cabeza y decidir que la inmensa boya de señalización (no fuera que nos acabara arrollando un patinete) debía ser arrastrada por Jaime, nos lanzamos a la mar a la señal de un, dos, tres, mariquita el último. Allá que íbamos pues, como jinetes del apocalipsis, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. “¿Iré más lento que los demás?”, “¿Me dará un tirón en el pie?”, “¿Me va a joder la travesía la puta boya?”,”¿Me devorarán los tiburones?”…

Y nadamos, y seguimos nadando y nadamos más… mucho mucho, pero que mucho rato más… No sé cuantos kilómetros fueron, ni cuánto tiempo estuvimos dale que te pego, ahora un ratito a crol, un ratito a braza, ahora hago el muerto para que me dé el solete en la jeta, ahora me echo unas risas tocando la pierna de mi marido para que piense que le ataca una sardina, mientras me dice muy serio,  que por favor deje de nadar a escasos 5 mm de su diestra…

La parte positiva fue la cantidad de pececitos de colores que vimos, y que una vez más me queda demostrado que nadar no cansa, y que ser David Meca no tiene ningún mérito una vez superado, por el método de la exposición a la fauna marina, el pánico atroz, que después de 15 minutos no deja de ser mal rollete, después de media hora  ligero malestar y a la hora y media de asunto juro que hubiera cabalgado encima de un tiburón blanco con tal de llegar a la orilla de una vez.

Y ya está. Seguiremos relatando aventuras cuando sucedan, que va a ir para largo porqué me encuentro en un momento de mi vida muy muy perro.

Crónica de una muerte anunciada

agosto 16, 2010

Pues sí señores, tras recibir quejas y casi súplicas de personas que llevan desde el lunes con ganas de saber que fue de mí en Blanes, y como no me gusta hacerme de rogar aquí está la crónica de una muerte, digo de un acuatlón anunciado…

Un soleado 8 de agosto de 2010 muy prontito por la mañana…

Jaime: Eva, es la hora.
Yo: Ay mi amor, que me duele la pierna, casi que te espero aquí.
Jaime: Mecagoentoloquesemenea, tira pa’ la ducha ostias.
Yo: %$&???#%&&…. voy.

Media hora después…

Yo: Sube tú la niña a mi madre, que a mí me escupe en la cara.
Jaime: %$@&???#%&&… voy.

Un cuarto de hora más tarde en el coche ya: Coca-Cola & música de radiofórmula & medio sonrisilla en el careto rumbo a la Costa Brava.

9:00 a.m. Cojo mi dorsal que muy a mi pesar es el número 6. Muy a mi pesar pues no sé porqué extraño motivo estoy convencida de que me iban a dar del 1430 en adelante, coño, si los números de un solo dígito tienen que ser para los que son muy rápidos, o muy fuertes, o ambas, no??? pues no. Así que después de disculparme ante los señores de la organización y dejar muy clarito que aunque tenga un número tan corto no tengo intención de llegar entre los 10 primeros, acepto la bolsa y me voy a mis aposentos.

09:15 a.m. Crema solar, ingesta compulsiva de líquidos y encomendaciones varias a los santos patrones.

09:30 a.m. Empieza la cosa, nos situamos en un estratégico lugar (al final de todo) y nos lanzamos al agua con la esperanza de no morir devorados por los escualos.

Primera parte a nado: A mí como nadar no me cansa, me limito a ir lo más rápido que me permite la técnica, que no debe ser muy correcta habida cuenta de que no adelanto ni a una sola persona. Miento: adelanto a 7 ó 8 cuando me parece divisar a 1 metro bajo el agua una medusa de grandes dimensiones…

Yo: Jaime nos ataca una medusa!!!
Jaime: Es una bolsa mujer.
Yo (nadando como si me fuera la vida en ello y adelantando a los 7 ó 8 antes mentados): Y una mierda una bolsa, que tú no te guipas sin las gafas, ¡¡¡es una medusa!!! ¡¡corre, Jaime, salva tu vida.!!
Jaime: Eva, te vas a cansar y aún queda la carrerita y volver a nadar.
Yo: Ostias es verdad…a la mierda la medusa.

09:45 a.m. (más o menos) Llegamos a la orilla medio cansados pero contentos.

Sr. de la Organización (visiblemente incómodo ante la situación): Señora métase el pezón dentro del sostén, si hace usted el favor.
Yo: Que apuro Jaime, por dios, porqué no me has dicho nada?
Jaime: He pensado en no molestarte con eso…
Yo: Me molestas para decirme que alargue la brazada, que coja aire con la nariz cerca del sobaco, y no me molestas para decirme que se me ha salido un pecho??? %$@&???#%&&

1ª transición: Nada reseñable, seguramente Jaime hubiera preferido que no me secara con tanto mimo los pies, que no me pusiera los calcetines del derecho, y que no hubiera dejado la toalla doblada, pero aún así no refunfuña mucho…

Carrera propiamente dicha: Velocidad absurda con tramos de trote cochinero salpicado a veces de trote dignecillo, aunque esta apreciación es totalmente subjetiva claro está… Nos adelantan los 7 ó 8 desgraciados a los que habíamos adelantado antes por lo de la medusa, pero nosotros también adelantamos a una señorita, que sí, iba caminando, pero la ilusión que me hace no se describe con palabras: “hay que vivirlo.” Más tarde nos enteramos de que la muy jeta ha abandonado la carrera. Jaime intenta convencerme de que nos marquemos algún objetivo algo más ambicioso:

Jaime: Adelantamos al gordito de negro???
Yo: Buf. Grunch grunch, buf…
Jaime: Tranquila cariño tú a tu ritmo. Trae, ya te cojo yo la botella de agua…

2ª transición: No recuerdo nada de nada, tan sólo voces anónimas animando…

Voces anónimas: Vinga que l’ aigua està fresqueta. Va, que ja no queda res. Por aquí no, por aquí, muy bien… Lo importante es participar…
Yo: Participar, participar… Tu puta madre… (con perdón)

Segundo tramo de natación: Igual que el primero pero sin medusa, (debo decir que cuando meto la cabeza para respirar cierro los ojos no sea que vuelva a ver la medusa, ya que si esta vez tengo que aligerar el ritmo igual me da una parada cardiovascular). Al llegar, esta vez con los pechos bien colocados, nos encontramos a unos fans animándonos (el equipo de triatlón de Jaime), y botellitas de agua, y latas de coca-cola y bocadillos de jamón (que no comemos para hacernos los interesantes) Y ya para acabar e inmortalizar el momento, nos hacemos una foto con el susodicho equipo de triatlón.

Team Calella Triathlon: Vinga una foto.
Yo: Que no, que yo no me pongo que no soy del equipo y he quedado la penúltima, no soy digna, os la hago yo.
Team Calella Triathlon: Que sí mujer que has acabado y eso es lo que cuenta, ponte.
Yo (con los ojos humedecidos por la emoción, y pensando “y una mierda es lo que cuenta: el año que viene o no me presento o no quedo la última, ni la penúltima… por estas que son cruces”): Bueno, va, Luiiiiiis.

Shrek, Fiona y los duendecillos amarillos.

Rata madre a la carrera

agosto 7, 2010

Parece que este domingo las voy a pasar bastante putas, porqué me llevan a hacer una prueba que consiste en nadar, correr y volver a nadar, y eso que parece ser que la lógica que sigue el orden de este tipo de acontecimientos, es que nadar se hace lo primero no sea que ya estés, al final, muy cansado, te dé un chungo en alta mar y se te lleve la parca…

¡No hagáis olas, cabrones!

Y yo me pregunto por qué no se seguirá esa misma lógica en esta prueba y que se nade más al principio, así de seguido, PARA luego acabar corriendo, que siempre es mucho más digno llegar a la meta de pie, que tener que salir del agua agotada y medio mareada… Pero bueno hacer esto no es obligatorio, así que no me voy a quejar más de lo que me llevo quejado aquí. Bueno me reservo un quejidito en la manga para el día D, un par de horas antes de la hora H, cuando mi bien amado esposo me arranque de la cama para ir a nadar, correr y volver a nadar, puede que entonces me vuelva a quejar flojito y entre dientes… Sería más adecuada la palabra refunfuñar, como cuando vas a hacer un examen que no te sabes…

Y es que a diferencia del padre de mis hijos y alma mater de este blog, a mí lo de correr me cansa mucho, disfrutar lo que se dice disfrutar sólo lo justito, y sólo si se conjuran los astros a mi favor, que no es poco. Y eso que una servidora se calza unas pedazo de nikes de esas que salen en los anuncios y que hacen que no te canses apenas, ni sudes en verano ni te mojes cuando llueve… Pero nada, para mí lo de correr supone un medio y no un fin. Pero vaya, así y todo, y medio gracias a Jaime que me da con el látigo cuando estoy de bajoneti, medio porqué ya idealizo mis carnes prietas cuando sea capaz de correr 10 kilómetros seguidos a una velocidad digna y sin hacerme caca, que me está gustando, qué puñetas, y que no desisto e insisto en este noble y agotador deporte. que ya he abandonado la velocidad absurda y ahora voy a por el trote cochinero.

Un par de meses más y tal que así de prieta me veo.

Y eso que la perra tira de mí hacia atrás cuando está más cansada que yo, o el perro se lanza hacia delante a por el caniche de turno, cuando no son los dos que tiran a la vez uno hacia delante y el otro hacia atrás, o el bajo-culo que me da un tirón, o un pseudo atleta rechoncho y octogenario que me adelanta sin despeinarse cuando una opina que está en el máximo de sus posibilidades atléticas… Ya contaré, el lunes, la crónica de una mañana de verano. Si no fino antes, claro está.