Rata madre a la carrera

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Parece que este domingo las voy a pasar bastante putas, porqué me llevan a hacer una prueba que consiste en nadar, correr y volver a nadar, y eso que parece ser que la lógica que sigue el orden de este tipo de acontecimientos, es que nadar se hace lo primero no sea que ya estés, al final, muy cansado, te dé un chungo en alta mar y se te lleve la parca…

¡No hagáis olas, cabrones!

Y yo me pregunto por qué no se seguirá esa misma lógica en esta prueba y que se nade más al principio, así de seguido, PARA luego acabar corriendo, que siempre es mucho más digno llegar a la meta de pie, que tener que salir del agua agotada y medio mareada… Pero bueno hacer esto no es obligatorio, así que no me voy a quejar más de lo que me llevo quejado aquí. Bueno me reservo un quejidito en la manga para el día D, un par de horas antes de la hora H, cuando mi bien amado esposo me arranque de la cama para ir a nadar, correr y volver a nadar, puede que entonces me vuelva a quejar flojito y entre dientes… Sería más adecuada la palabra refunfuñar, como cuando vas a hacer un examen que no te sabes…

Y es que a diferencia del padre de mis hijos y alma mater de este blog, a mí lo de correr me cansa mucho, disfrutar lo que se dice disfrutar sólo lo justito, y sólo si se conjuran los astros a mi favor, que no es poco. Y eso que una servidora se calza unas pedazo de nikes de esas que salen en los anuncios y que hacen que no te canses apenas, ni sudes en verano ni te mojes cuando llueve… Pero nada, para mí lo de correr supone un medio y no un fin. Pero vaya, así y todo, y medio gracias a Jaime que me da con el látigo cuando estoy de bajoneti, medio porqué ya idealizo mis carnes prietas cuando sea capaz de correr 10 kilómetros seguidos a una velocidad digna y sin hacerme caca, que me está gustando, qué puñetas, y que no desisto e insisto en este noble y agotador deporte. que ya he abandonado la velocidad absurda y ahora voy a por el trote cochinero.

Un par de meses más y tal que así de prieta me veo.

Y eso que la perra tira de mí hacia atrás cuando está más cansada que yo, o el perro se lanza hacia delante a por el caniche de turno, cuando no son los dos que tiran a la vez uno hacia delante y el otro hacia atrás, o el bajo-culo que me da un tirón, o un pseudo atleta rechoncho y octogenario que me adelanta sin despeinarse cuando una opina que está en el máximo de sus posibilidades atléticas… Ya contaré, el lunes, la crónica de una mañana de verano. Si no fino antes, claro está.

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