Basta con un par de pies

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Hace un par de semanas, el 28 de enero para ser exactos, sucedió algo de lo más chiripifláutico: Nature llevaba en portada la foto de los pies descalzos de unos negritos del valle del Rift.

Y en páginas interiores, además de todo lo que usted siempre quiso saber, pero no se atrevía a preguntar, sobre la reductasa epóxida de la vitamina K, la chicha del asunto: un artículo de Daniel E. Lieberman, con el sugerente título de Foot strike patterns and collision forces in habitually barefoot versus shod runners, que podría traducirse libremente por Comparación de patrones de pisada y fuerzas de impacto entre corredores habitualmente descalzos y calzados.

Los propios editores de Nature resumen el artículo afirmando que “la comparación de la biomecánica de corredores habitualmente calzados y habitualmente descalzos, sugiere que correr descalzo no sólo es confortable, sino que podría ayudar a evitar algunas lesiones de estrés repetitivo.” Para quien entienda el inglés, los detalles, junto con consejos para empezar a correr descalzo, se pueden consultar en la página web del Departamento de Biología Evolutiva Humana de la Universidad de Harvard, del que Lieberman es catedrático. Hay además un vídeo en el que explican los principales hallazgos, con una frase memorable bien al principio: se suele decir que para correr sólo hace falta un par de zapatillas, pero no es cierto: basta con un par de pies.

Sobre todo a este lado del Atlántico, supongo que a la mayoría del personal esto le hará abrir los ojos como platos de pura incredulidad. Pero la verdad es que llueve sobre mojado. La única novedad es que sean Nature y Harvard quienes le den el marchamo de respetabilidad a un estudio que se suma a muchos otros en la misma línea. Y la evidencia empieza a amontonarse en contra de los fabricantes de zapatillas.

Lo que pasa es que es una evidencia un poco circunstancial, porque lo verdaderamente interesante sería saber si todas esas claras, clarísimas, diferencias biomecánicas se traducen en una menor incidencia de lesiones. Que tiene toda la pinta de que así debiera ser, pero lo que es saberlo no lo sabemos seguro. Así que de momento tendré que seguir esperando a que alguien se decida a financiar y llevar a cabo ese estudio epidemiológico que me saque de dudas sobre si soy gilipollas o no

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