Unidades de millar

diciembre 11, 2012 de

Esta mañana el odómetro de la buena de Kimberly ha alcanzado cifras memorables. Por un lado, ha superado los 3000 Km. Pero es que además de la efeméride métrica está la imperial, que unos cuantos más de vez y media 1609 Km, lo que vienen siendo 1500 millas, los hemos rodado a este otro lado del charco. Porque las ratas nos hemos ido a hacer las Américas. Y ya se sabe lo que pasa con los barcos si empiezan a irse las ratas, avisado quedas, querido lector.

Kimberly, con la sonrisa pintada de carmín y el bolso que le regaló, saliendo a la calle buscando amor...

Kimberly, con la sonrisa pintada de carmín, el bolso que le regaló y aquel vestido que nunca estrenó, saliendo a la calle buscando amor…

Y es que Kim se ha convertido en mi medio de transporte a y desde el trabajo, algo que nos ha cambiado la vida radicalmente a los dos. Yo he hecho el trueque bueno: dos horas al día metido en el coche, por una pedaleando bajo el claro sol de la eterna primavera del sur de California. Porque aquí nunca llueve. Menos cuando sí, claro…

Kimberly no sé como llevará haber cambiado sus zapatitos de cristal del 23C, por unos zapatones del 28C, y además llevar transportín, alforjasluces delante, luces detrás, luces en las ruedas… Y para cuando vengan las lluvias esas que nunca vienen, ya tengo esperando los guardabarros. Pero bueno, que se joda, que es sólo una puta bici, a ver si nos vamos a volver todos locos ahora.

Un perro ha muerto (Pablo Neruda)

febrero 25, 2012 de

Walter (14.2.2003 - 24.2.2012)

Mi perro ha muerto.

Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz fría.
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.

Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.

Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.

Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.

Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.

No hay adiós a mi perro que se ha muerto.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.

Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.

Pablo Neruda

Kimberly

octubre 23, 2011 de

Según el modelo de Kübler-Ross, la negación, la ira, la negociación y la depresión han dado por fin paso a la aceptación. Lo que viene a ser coloquialmente aquello de “a rey muerto, rey puesto,” o “el muerto al hoyo, y el vivo al bollo,” o como dice Lucas (9:60) que dijo el Cordero de Dios: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios.” Sea pues.

Wendy no está, ni por desgracia se la espera. Así que el vacío que dejó ha venido a llenarlo Kimberly.

Amarillo pollo, el color de los campeones.

Los más avispados ya se habrán dado cuenta, pero cualquiera que sepa algo de bicis debiera de haber notado algo chocante en la foto. Efectivamente, Kim es bien distinta de Wendy: amarillo en vez de rojo; acero (o sea, hierro) en vez de carbono; 32 radios por rueda en vez de 20; y el verdadero meollo de la cuestión, una marcha en vez de 20…

Sí, Kim es una fixie, una bicicleta de piñón fijo. En realidad de momento todavía lleva rueda libre, aunque en breve completaremos la conversión. Los 42 dientes del plato y 18 del piñón suponen, en su única e inalterable marcha, 26 Km/h a las 90 r.p.m. que dice el canón son las óptimas. A partir de ahí, las cuentas son sencillas: si quiero volver a llanear a 36 Km/h, como en los buenos tiempos con Wendy, tendré que aprender a sostener más de 120 r.p.m.; si quiero dejar la carretera de la costa y volver a adentrarme en los puertecitos del Montnegre, tendré que aprender a aguantar pedaleando a menos de 40 r.p.m. Y una vez arriba, aquellas trepidantes bajadas a 50 ó 60 Km/h ahora requerirán dejar que la gravedad me gire las piernas allá por las 180 r.p.m.

La excusa formal para lo que pudiera parecer un serio ataque de gilipollismo es que es una herramienta de entrenamiento formidable, que hace de ti un ciclista más eficiente, más fuerte, e incluso mejor persona. Pero percibo que hay algo más, que todos esos tipos que reniegan del desviador y sus pompas saben algo que los demás no sabemos. Y los primeros 50 Km con Kim pudieran haber empezado a confirmarlo. Seguiré informando de mi tránsito por la extravagancia, mientras camino con paso decidido hacia el disparate….

Coitus Interruptus

septiembre 8, 2011 de

El sábado fue el triatlón de Guadalajara. Desde que pagué los 90 euracos de la inscripción, hará cosa de un mes y medio, andaba yo cavilando sobre la elevada cuestión de si era lo adecuado dar por terminada la temporada allí mismo, o si merecería la pena alargarla un poquito, y hacer el de Tossa de aquí a una semana. Y quien sabe si en un arrebato de última hora decidir que a la mierda y apuntarse al Challenge.

Sin haber resuelto el dilema me fui a dormir el jueves pasada la medianoche, después de un largo viaje en coche desde Granada a casa de mis padres en Cerceda, en la sierra madrileña. Y todavía andaba rumiando los pros y los contras a la mañana siguiente, cuando bajé a pasear a los perros, y descubrí que durante la noche unos buenos samaritanos habían decidido por mí…

Hijo de puta, hay que decirlo más.

Como decía aquel, vistos los huevos, se sabe que es macho. Y ahora es muy fácil decir que fue una estupidez dejar una bicicleta que viene a costar el salario medio español de un mes toda la noche en el maletero, que es una cosa muy golosa y normal que te la roben. Pero mira, ingenuo yo no pensé que un pueblecito de la sierra, medio vacío porque los veraneantes ya se han vuelto a la ciudad, fuera a resultar un territorio sin ley.

Y claro, sin bicicleta, ni triatlones, ni temporada, ni hostias. ¡Resulta que llevo de off-season más de un mes, y ni me había enterado!

Donde quiera que estés, querida Wendy, así se te reviente una rueda en cualquier descenso, y el hijo de puta que te monte acabe en el fondo de un barranco con la columna rota, lejos de donde nadie pueda verle u oírle, y muera una muerte lenta, dolorosa y horrible. Amén.

La casi triatleta

agosto 16, 2011 de

Antes de que se me acumule la faena voy a narrar mis peripecias en el mini triatlón de Banyoles el pasado algo de julio, no recuerdo bien.

Y escribo antes de que se me acumule la faena porqué este domingo voy a hacer mi primer triatlón de verdad, como una señora, con sus 750 m. de nado, sus 20 km. de bicicleta y sus 5 Km. de carrerita a pie.

Pero por partes y ahora me concentro en redactar, para quien tenga a bien leer, lo que sucedió en Banyoles.

Allá que nos íbamos “cap a Girona” la familia casi al completo, porqué mi señor hermano “il pepino” también se está labrando un nombre en esto del triatlón. Así que partimos de Calella a eso de las 10:00, mi hermano el susodicho “Pepino”, su señora, sus 2 hijas, que a la vez son mis sobrinas, mi marido y co-hacedor de este vuestro blog, mis 2 hijitos bonitos y una servidora.

1er punto raro: triatlón a las 15:00 p.m. A dios gracias que llovió y se estaba fresco, porqué sino más de uno la palma fijo.

1ª cagada: la menda que es nobel, se metió entre pecho y espalda, a eso de las 13:00 horas, un tremendo bocata con todas sus cosas incluyendo hamburguesa, huevo y mucha cebolla que me estuvo acompañando durante toda la carrerita.

2ª cagada: estrené un maillot de triatlón de los que llevan los triatletas de verdad todo molón que me compré media hora antes en una de esas tiendas que ponen expresamente para la ocasión. Hasta que recordé que llevaba cremallera y entre brazada y brazada dí con ella para liberar mis pobres pechos prietos, que las pasé putas… de verdad que pensaba que moría entre terribles asfixios por las incomodidades del maillot de las narices, eso sí estaba, como he comentado antes, toda molona. He aquí el documento gráfico.

Documento gráfico. Eva y Pedro "Pepino"

3ª cagada: no hay manera de que pueda beber agua mientras voy en bici, una vez lo hice y se me cayó el bidón al suelo así que le he cogido miedo y ahora sencillamente paso. Total, que durante la carrera entre la sed acumulada y una que es  previsora, cada vez que me ofrecían agua que cogía la botella la apuraba en 4 sorbos y la depositaba con suavidad en el suelo, no fuera que los de la organización me llamaran guarra. Eso hizo que perdiera unas décimas preciosas debido al clol cloc cloc del agua dentro de mi estómago. Y al flato claro.

Y ahora los puntos positivos que también los hubo.

1º:  he descubierto el plato 3 (el grande) y ahora llevo ruedas de carretera en mi querida montain bike, y caray que diferencia, como me deslizaba cual gacelilla silvestre por las calles de Banyoles, al principio con miedo por eso de pegarse la gran leche, pero una vez con confianza fue todo un lujazo… La bici se me hizo corta corta, y casi me encontré con la meta de golpe y con ganas de más. No de mucho más pero de un poquito sí.

Única imagen sobre la bici en la que no parezco subnormal

2º: no quedé la última (ni la penúltima), y hubiera quedado un puesto antes si la hijaputa que tenía a escasos metros por delante no se hubiera puesto a esprintar al final como si le fuera la vida en ello. Reconozco que el objetivo no era muy ambicioso, pero es que arrastraba un historial desastroso y mi pobre ego no hubiera vuelto a soportar quedar la última una vez más.

y 3º y más importante: me gustó.  Excepto lo que he comentado antes en los puntos negativos claro está: lo de la natación en el lago que se me hizo eterna y encima con el rollo del estrangulamiento maillotil, el regustillo a cebolla durante toda la prueba, y el estómago lleno de agua… por idiota. Meros detalles sin importancia que pienso solventar este domingo en Tarragona, donde, como dice mi esposo Jaime, y siempre y cuando lo acabé sin desfallecer, me convertiré en una triatleta de verdad.

La feliz casi triatleta, el maillot asesino y Gabriela indiferente

Biciclismo

agosto 12, 2011 de

A lo mejor soy yo, que soy fácilmente impresionable, pero que se pueda mantener el equilibrio encima de una bici sin irse de morros al suelo me resulta eso mismo: impresionante. De puro cotidiano puede parecer simple, pero las sutilezas matemáticas y físicas que hay detrás son apasionantes. Podría tratar de explicarlo yo, pero no se me iba a entender, así que mejor que no se le entienda a Andy Ruina, que es el señor viejuno y muy sabio (no hacen catedrático en Cornell a cualquiera) que lo cuenta en este vídeo…

Quien prefiera la letra escrita, aquí hay 50 páginas en las que Ruina y sus secuaces, con un tal Jim Papadopoulos al frente de las operaciones, desarrollan las ecuaciones que rigen el movimiento de una bicicleta. El resumen viene a ser que es muy complicado, y que cualquier simplificación que se pretenda hacer sobre qué le da estabilidad a una bicicleta no deja de ser eso mismo: una simplificación, probablemente bastante burda.

A que molo...

Todo este rollo viene a cuento de que el pasado domingo, 24 de julio de 2.011, a eso de las 8 de la tarde, tras unos 1.000 m de imprecaciones mías hacia su persona, que puede que incluyeran cagarme en su puta calavera mientras corría agachado a su lado, Lucas aprendió a resolver las ecuaciones de Papadopoulos en tiempo real, y echó a rodar sobre sólo dos ruedas. No había ni padre ni niño más orgullosos en muchas millas a la redonda…

Jeff, de los Forsythe de toda la vida

julio 8, 2011 de

Conocí a Jeff cuando lo trasladaron a Barcelona desde Portland a principios de siglo. De vez en cuando nos mandan un manager americano, para que no acabemos de perder las esencias, y sigamos trabajando en equipo para conseguir la calidad total sin sacrificar nuestro compromiso con el cliente. Al poco de llegar se plantó en su cubículo con una preciosa Serotta de titanio, tratando de hacer entender al guardia de seguridad que le perseguía diciéndole que la bici al párking, que no, que ni se hacía a la idea de lo que costaba, y que de ninguna de las maneras iba a dejarla en la calle. Se salió con la suya, y durante el par de años que anduvo por aquí, la rueda de su bici asomando sobre las mamparas, con la toalla y el culotte tendidos sobre el manillar, formaron parte del decorado de la oficina a diario.

Servidor de ustedes, Cal y Jeff, a punto de zamparse un merecido entrepà en Monistrol de Calders.

Jeff era y sigue siendo un tipo encantador, así que alguna salida en bici juntos hicimos, pero como yo por aquel entonces estaba hecho un animal, y además Jeff me saca cosa de 20 años, acabó buscándose compañeros de aventuras más de su gusto. Aunque se volvió para América, hace unos años se organizó unas vacaciones ciclistas en los Pirineos, a las que se me invitó. Pero para entonces la magia entre Marlene y yo ya se había roto, y yo era un papá gordinflón al que ni se le pasaba por la cabeza subir un puerto de montaña.

Pero mira tú por donde que esta semana ha vuelto a Barcelona, acompañado de su amigo Cal, dispuestos a llegar hasta Suiza en bici. La campiña francesa creo que la harán en tren, que el llano es de maricas, pero los Pirineos y los Alpes se los piensan tragar enteritos. Así que me ofrecí a acompañarles con Wendy, para ayudarles a salir de Sant Cugat y cruzar Sabadell camino de Vic, su parada y fonda de esta noche. Mi idea era que a las 9 los tenía dando pedales, en horita y media los dejaba encaminados para Sant Llorenç, y como tardísimo a las 12 y media estaba de vuelta en la oficina… Como suele suceder, he acabado llegando a las 4 y con casi 100 Km a cuestas. Pero casi que ha merecido la pena. Y no, no sólo porque me hayan pagado el bocata e invitado a llevarme a esquiar a Utah si alguna vez voy por Portland en invierno…

La princesa descalza

julio 5, 2011 de

Hace un par de noches, leyéndole a Gabriela un cuento a ver si tenía a bien dormirse, nos encontramos con un dibujo en el que el dueño del gato con botas besaba a la princesa con la que se iba a casar. Oír la palabra “princesa”, plantar su regordete índice  sobre la susodicha y soltar un “nena” (que es como se refiere ella a sí misma) fue todo uno. Luego señaló al muchacho a punto de pegar el gran braguetazo, y mirándome a los ojos me deshizo como un azucarillo en agua caliente musitando “papi”.

Tus ojos me recuerdan / las noches de verano / negras noches sin luna, / orilla al mar salado, / y el chispear de estrellas / del cielo negro y bajo. / Tus ojos me recuerdan / las noches de verano. / Y tu morena carne, / los trigos requemados, / y el suspirar de fuego / de los maduros campos. (Antonio Machado)

Efectivamente, su papi bebe los vientos por ella, así que ella hace con su papi lo que le da la real gana. Pero no se lo tengo muy en cuenta, porque me consta que es un amor correspondido. Como comenzara Lucas hace cosa de un año, a Gab también le ha dado por imitarme, y constantemente pide que le quiten las “papas”, que traducido al román paladino viene a significar zapatos. Normalmente para desesperación de su madre, que mal que bien sobrelleva que su marido sea gilipollas, pero no se resigna a que los niños (¿¡es que nadie piensa en los niños!?) corran la misma suerte.

¿Y tú a quién quieres más, Gab, a mamá o a papá?

Pero este fin de semana se conoce que la pillamos con la guardia baja, porque no sólo no protestó mientras paseábamos descalzos de la manita, sino que nos echó una foto bien chula. Tanto que, a pesar del asco que le da la idea de pisar sobre los vómitos, pises y cacas resecos de mil guiris y perros sarnosos, se empeñó en repetir la instantánea con ella y la enana de protagonistas…

La gran hazaña a nado

octubre 18, 2010 de

Aquí estamos de nuevo para explicar peripecias y aventurillas de esta vuestra  humilde servidora.

Esta vez se trata de una gran, enorme, magnífica aventura marina de la cual, bien sabe dios,  me intenté escaquear, y es que como dice mi hijo muy sabiamente “yo no soy ningún valiente”… pues eso.

Pero así y todo me lancé a las agitadas aguas mediterráneas una solitaria y perturbadora mañana de agosto en un pequeño pueblo de Granada llamado La Herradura…

Allá que nos íbamos mi esposo Jaime a quién ya todos conocéis, mi suegro y padre de mi esposo, el Sr. Manolo, un importante ingeniero químico de fama internacional, mi querida cuñada la tita Ana, una de las mentes más brillantes que ha dado la física moderna y la menda lerenda, una reconocida interina del cuerpo auxiliar de la administración general de la Generalitat de Catalunya.

Después de dejar atados los más mínimos detalles logísticos como esconder zapatos y toallas en la otra playa, comprar gorros para la cabeza y decidir que la inmensa boya de señalización (no fuera que nos acabara arrollando un patinete) debía ser arrastrada por Jaime, nos lanzamos a la mar a la señal de un, dos, tres, mariquita el último. Allá que íbamos pues, como jinetes del apocalipsis, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. “¿Iré más lento que los demás?”, “¿Me dará un tirón en el pie?”, “¿Me va a joder la travesía la puta boya?”,”¿Me devorarán los tiburones?”…

Y nadamos, y seguimos nadando y nadamos más… mucho mucho, pero que mucho rato más… No sé cuantos kilómetros fueron, ni cuánto tiempo estuvimos dale que te pego, ahora un ratito a crol, un ratito a braza, ahora hago el muerto para que me dé el solete en la jeta, ahora me echo unas risas tocando la pierna de mi marido para que piense que le ataca una sardina, mientras me dice muy serio,  que por favor deje de nadar a escasos 5 mm de su diestra…

La parte positiva fue la cantidad de pececitos de colores que vimos, y que una vez más me queda demostrado que nadar no cansa, y que ser David Meca no tiene ningún mérito una vez superado, por el método de la exposición a la fauna marina, el pánico atroz, que después de 15 minutos no deja de ser mal rollete, después de media hora  ligero malestar y a la hora y media de asunto juro que hubiera cabalgado encima de un tiburón blanco con tal de llegar a la orilla de una vez.

Y ya está. Seguiremos relatando aventuras cuando sucedan, que va a ir para largo porqué me encuentro en un momento de mi vida muy muy perro.

¡Yoyalodije!

septiembre 24, 2010 de

Una escueta nota informativa dirigida a todos los agoreros y profetas del infortunio ajeno, así como a sus señoras madres, que son unas santas a pesar de ser ellos unos hijos de puta, para hacerles saber que el pasado jueves, 9 de septiembre de 2.010, el destino tuvo a bien dejar de posponer lo inevitable, y pisé un cristal mientras paseaba descalzo por la calle.

¡Si es que hay que ser gilipollas!

Lamento eso sí comunicarles igualmente que, en contra de los sinceros deseos que no dudo albergaban, el suceso se saldó con poco más de una semana de bien merecido descanso: ni tétanos, ni gangrena, ni ébola, ni ninguna otra de las horribles infecciones de las que mi falta de juicio me hace merecedor. Aunque con la media hora de la enfermera hurgándome con la aguja y las pinzas hubieran ustedes disfrutado, la verdad sea dicha.

Reciban sin más el testimonio de mi consideración más distinguida, así como mi declarada esperanza de que les agarre un buen dolor de huevos.


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